La posteridad ha imaginado dos maneras de castigar a los hombres: perpetuar sus nombres en las placas de calles, fuentes y baños públicos, o revivir sus figuras en las más atroces adaptaciones cinematográficas. Al conde Claus von Stauffenberg, que ya había padecido la primera infamia, Hollywood le acaba de asestar la segunda. Hace unas semanas se anunció, con previsible ruido, que la industria está a punto de filmar una película sobre la Operación Walkiria. Se declaró también, con menos pompa, que el sobrevalorado Bryan Singer dirigirá la millonaria producción. Faltaba más: el conde, alguna vez considerado un traidor a la patria, es hoy un héroe entre millones de alemanes, y a Hollywood le gustan los héroes (incluso si son alemanes.) Antes se regalaba a los grandes hombres tierras y mujeres; hoy se les obsequia una temible recompensa: la oportunidad de ser interpretados por Tom Cruise. De veras: Hollywood ha decidido, con chispeante sabiduría, que si un hombre merece interpretar al valiente coronel es el soso esposo de Katie Holmes. Esto, que parece chisme, es noticia: los alemanes piensan distinto y algunos, irritados por la presencia de Cruise, ya hablan de prohibir la película. La familia Stauffenberg ha afirmado que Cruise, ferviente seguidor de la cienciología, será incapaz de comprender –y por carambola, de interpretar– el ánimo libertario del conde. La cienciología, aseguran, es una ideología totalitaria y Stauffenberg, cosa curiosa, fue víctima del totalitarismo. Es, rematan, como si Judas interpretara a Jesús. Por lo pronto, la familia parece ir adelante: ya se rumora que el ejército alemán ha revocado el permiso para filmar en algunas de sus instalaciones.

He aquí una bonita oportunidad para disparar algunos dardos contra Tom Cruise. Quienes aseguran que el tipo es un actor mediocre se quedan cortos: el hombre es un insulto. Es fácil anticipar que interpretará siniestramente al conde Stauffenberg porque así ha interpretado todos sus roles. ¡Tanta furia contra Tom y éste, ay, no es el momento exacto para ejercerla! La verdad es que Cruise tiene razón y los alemanes se equivocan. Bajo un argumento en apariencia estético, la familia Stauffenberg intenta ocultar una fina censura: sencillamente no desean que un grupo de personas filme una película. Afirman que un actor mediocre no puede interpretar a un gran hombre y la verdad es otra: así ha sido siempre, así seguirá siendo. Uno no tiene que pensar como Isaac Newton para representar, en una película pedestre, a Isaac Newton, del mismo modo que Bruno Ganz no tuvo que ser un malevo para interpretar memorablemente a Adolf Hitler. Las nacionalidades tampoco importan: Salma Hayek es –me dicen– mexicana y eso no obstó para que destrozara con patriótica emoción la figura de Frida Kahlo. Más grave es otro asunto: la familia Stauffenberg pretende monopolizar el legado del coronel cuando nadie, menos el hijo de un héroe, es dueño de los personajes públicos. Que cada quien elogie o denoste a los héroes como le venga en gana. Si el señor Mel Gibson, por ejemplo, desea volver a México para filmar ahora una alevosa película contra los toltecas, bienvenido: los toltecas no son míos. Siempre queda, además, la posibilidad de resistir y no ver esta o aquella película. Yo, títere ya, las miro todas.

Comentarios

2 comentarios para “Operación Cruise”

  1. Francisco Juárez en Agosto 7th, 2007 3:42 pm

    Saludos Rafael, tienes razón los que no podemos dejar pasar ninguna película tenemos que sufrir a Cruise, y a Nicolas Cage como quien tiene que ver los comerciales en su programa favorito de televisión.

  2. Juan Carlos Moya en Enero 21st, 2008 6:22 pm

    “No olvidar la facha cuando asistimos a una fiesta, olvidar el menu porque eso es éfimero”, decía Versace.
    Cruise es la facha y la fiesta es el cine. La comida, es alimento de los críticos. La imagen es deleite del ojo mundano.
    Gracias a Cruise y a otros de su misma estatura entendemos que el cine es un circo de enanos, una postal. ¿Feliz? ¿Cuándo hemos visto una postal que sea triste?
    De pasito, Gael García está también para eso. Para que la imagen sea el culto, aunque el señor parezca un gato de bigotes.
    El cine sin divos y divas sería un programa de televisión con periodistas.
    Y la literatura sin críticos sería un boxeo sin referis corruptos…
    Qué viva la moda. ¿Lanzar dardos?
    ¿Es insustancial el señor Cruise?
    ¡Qué importa!
    Hay adolescentes que soñaron con él mientras besaban a otros. Suscitar eso, bonito.

Deja un comentario