Publicado en Día Siete, como parte de la columna de cine “Vida en un cuadro”.

Texto: Rafael Lemus

Hace no mucho tiempo Michael Moore hubiera sido un resignado tramoyista. El Hollywood clásico, con su pudor y sabiduría, hubiera impedido que el señor Moore paseara su abultada figura, su barata gorra, sus cochinos tenis frente a una cámara. Ahora somos tolerantes y debemos soportar a cualquier energúmeno. No tenemos la oportunidad siquiera de despachar a Moore con el argumento de que el suyo es un caso de interés exclusivamente estadounidense. Estamos acabados: ya todo lo gringo, incluyendo sus esquemáticos documentales, son asunto nuestro. Para qué negar que muchos de nosotros, un domingo odioso, caminaremos anestesiados hasta el cine y veremos su más reciente película, Sicko (2007), un documento contra el sistema de salud de Estados Unidos. Si ya vimos Bowling for Columbine (Masacre en Columbine, 2002) y Farenheit 9/11 (2004), podemos soportar cualquier cosa, incluso la atroz noticia de que Moore ya trabaja dos nuevos documentales. Dicen algunos críticos que Sicko es la mejor película de Moore. Tampoco es difícil que así sea: sus demás cintas no son particularmente excelsas.

Todavía no nace el valiente que mire al señor Moore y diga: “Ah, mira, un señor inteligente.” Puede decirse esto y aquello sobre su ordinario temperamento pero nadie puede afirmar, no sin risas, que el tipo sea una lumbrera. No lo es. Efectivos o no, sus documentales distan mucho de ser sabios. Imposible sugerir que simbolicen la eterna lucha de la razón contra la barbarie. Imposible observarlos sin advertir que entre el documentalista y sus villanos se reparte la misma, imbatible tontería. El señor Moore cuenta con un rasgo inusitado: es incapaz de unir dos argumentos sin contradecirse. El señor Moore presume, además, una hazaña única: disparar contra George W. Bush, el blanco más sencillo, y mirar cómo el dardo termina volviéndose contra uno mismo. Algunos ociosos se han tomado el tiempo de mirar una y otra vez Farenheit 9/11 para refutar, uno a una, sus aseveraciones y han hallado… 59 imprecisiones. ¿Imprecisiones? No exactamente. Mentiras, mala leche. Moore es, muy visiblemente, aquello que critica: una turbia versión –acaso la única posible– del poder. Como Bush, manipula a su antojo documentos e imágenes. Como Bush, es altanero: se niega a responder preguntas hostiles, amenaza con demandar a quien lo insulte. Mejor todavía: sus documentales, presuntamente civiles, están imbuidos de la lógica del poder. En vez de razonar, exponen imágenes supuestamente inapelables. Incapaces de convencer, imponen. Al final recurren al argumento de poder: esto es así porque yo lo digo. ¿Quién? Yo, Michael Moore. ¿Quién? Un chico como tú… pero poderoso.

Uno estaría tonto si demandara documentales objetivos, desapasionados. Es imposible la imparcialidad y es buena cosa, incluso, el partidismo. El señor Moore tiene derecho a realizar un cine subjetivo, vehemente, arbitrario. Tiene derecho, aun, a asestar golpes ruines y tramposos. Ser un bribón no es cosa grave: todos los documentalistas son unos canallas. (Orson Welles compuso un documental maestro, F for fake [F de falso, 1974], presumiendo sus trucos y fraudes.) Lo grave es ser, como Moore, un bribón sin apenas gracia: manipular las imágenes para apenas nada. Incluso los más entusiastas deben aceptar que las películas de Moore son estéticamente nulas: no proponen demasiado, tienden al hastío, se resuelven en secuencias previsibles. A cada momento, el obvio contrapunto: una imagen idílica de, digamos, Irak (niños que vuelan sus cometas, adultos que sonríen, multitudes cándidas) y en seguida el vicioso rostro de Bush, la pirotecnia de las bombas. Se dirá que Sergei Eisenstein no hacía otra cosa: enfrentaba imágenes opuestas hasta convencernos de la dialéctica nobleza de los bolcheviques. Es cierto y, sin embargo, Eisenstein era un genio. También lo era Leni Riefenstahl, la desalmada documentalista del régimen nazi. Ella y él eran, además, unos criminales. Ése es el asunto: Moore no es siquiera un bárbaro. Son nimios sus pecadillos. Son imperceptibles sus hallazgos visuales. Son ínfimas, de principio a fin, sus películas. ¿Entonces por qué tanto escándalo? Porque es domingo. Porque afuera llueve. Porque con Michael Moore no hay manera.

Comentarios

10 comentarios para “El señor Michael Moore”

  1. Shahib Pedroso en Julio 10th, 2007 1:01 pm

    “manipular las imágenes para apenas nada”? No estoy tan seguro de que “apenas nada”. Hay efectos políticos de los documentales de Moore (que su tribuna sea manipuladora, como el partido demócrata, es otra cosa), aun cuando el sea ese bribón que tú pintas (yo creo que sí lo es)

    “Ella y él eran, además, unos criminales”. De eso tampoco estoy tan seguro: yo bajaría el énfasis, cómplices quizá.

  2. Oswaldo Gonzalez Hernandez en Julio 13th, 2007 6:34 pm

    Es fácil criticar y aún más fácil destruir. Sin mucho esfuerzo a cualquiera podemos pintarle bigotes, lentes con plumón y reírnos de él. Lo podríamos hacer de ti o de mí sin problema. Pero qué ganamos al hacerlo?.. Qué nos motiva a destruir la labor de otros (que naturalmente no es perfecta)?.. Porqué no mejor hacerlo mejor nosotros mismos para mostrar como se debería hacer (según nosotros)?..

    La descalificación, la ofensa, la falta de respeto, la intolerancia, son la razón por la cual hay tantas guerras. Hay que escuchar, aprender, enfocarse en lo positivo, aprender de lo negativo y seguir adelante. No crees?

  3. Raúl Romero en Julio 14th, 2007 2:55 pm

    Esta crítica es realmente sintomática. El señor Lemus exige al documental de Moore cosas que echa por la borda en su propia reseña. Por ejemplo, un exceso de subjetivismo. No pone de manifiesto que, aún cuando Moore tenga muchas cosas censurables, puso en primer plano un tema que debe debatirse. ¿Hablaste, Rafael, de eso? No. Pero sí exiges (¿por qué?) que Moore sea “una lumbrera”, y que su documental sea “sabio” o que “simbolicen la eterna lucha de la razón contra la barbarie”. Más subjetivismo barato no se puede. Si tú defiendes una posición política deberías hacerlo sin miedo, como Moore, que al menos los tiene bien puestos para dar su versión del asunto. Y luego sigues exigiendo lo que según tú se le debe exigir al documental: “Incluso los más entusiastas deben aceptar que las películas de Moore son estéticamente nulas: no proponen demasiado, tienden al hastío, se resuelven en secuencias previsibles.” Ya sé que para ti no hay escándalo. “¿Por qué tanto escándalo?” te preguntas. ¿No es ya suficiente escándalo el tema del documental? No hablas de ello. Puedes comenzar, por ejemplo, leyendo algún artículo de David Remnick al respecto. O no lo sé. Pero no ataques por atacar, creyendo que sólo tú tienes la verdad.

  4. Raúl Romero en Julio 14th, 2007 8:47 pm

    ¿Por qué no publicas mi comentario?

  5. laura en Julio 14th, 2007 10:26 pm

    me gusta tu artículo sobre michael moore, y me sorprende esa gente que no termina de soportar la crítica y menos la sátira. porqué uno no puede sencillamente disentir?

  6. carlos a perez ortiz en Agosto 2nd, 2007 11:33 am

    si eres un facho pues que no te de pena decirlo mejores escritores a comprado el sistema

  7. Pablo en Septiembre 8th, 2007 12:24 pm

    Laura, me sorprende que no termines de soportar la crítica. ¿Porqué uno no puede sencillamente disentir de Rafael Lemus o de cualquier otro articulista?

  8. Pablo en Septiembre 8th, 2007 4:55 pm

    Me sorprende esa gente que no termina de soportar la crítica a Rafael Lemus o a otros articulistas. ¿Porqué uno no puede sencillamente disentir?

  9. Eratóstenes en Septiembre 9th, 2007 2:24 pm

    Hay una respuesta a este artículo en la siguiente dirección:

    http://erathora.blogspot.com/2007/09/domingo-soleado.html

  10. fernando quijano de la vega en Septiembre 10th, 2007 9:06 pm

    En el siguiente blog (abajo) hay una contestación muy acertada a la crítca de la película que menciona. Bien valdría la pena que le diera un vistazo.

    http://erathora.blogspot.com/

    Saludos, Fernando Quijano.

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