Sospechaba, como todos, de la inercia. Creía que un escritor debe renovarse a cada obra. Ahora pienso que se necesita tanto empeño para cambiar como para mantenerse atado a lo que uno ha hecho. Por ejemplo: hay que tener valor para cometer alguna vez una putada y ser, ya para siempre, un hijo de puta.

Comentarios

2 comentarios para “Impulso adquirido”

  1. Francisco X. Estrella en Diciembre 7th, 2007 9:39 pm

    Quito, 7 de diciembre de 2007.

    Bueno, querido Lemus -lo llamó así porque he leído todos sus artículos disponibles en la Internet, y me siento, no me incomoda decirlo, muy cercano a usted y sus opiniones- déjeme pensar un poco. Imagino que con esta notita piensa usted en voz alta mientras madura con el rigor acostumbrado un libro de relatos, así lo leí por algún lado. No sé porqué pienso que cuando asoman en esta página fragmentos como “Impulso adquirido”, igual que con ese otro sobre Gide o aquel de Elizondo, usted platica con usted sobre su obra en gestación, su obra narrativa, quiero decir. Mas lo seductor del caso es que se vea al escritor dialogar públicamente consigo, algo que antes se reservaba a los amigos y ni tan siquiera. No me malinterprete por favor: es una hipótesis, no quiero atreverme a sentenciar que ocurre así, solo que a mí me gustaría entender que ocurre así.

    Quiero pensar que usted dialoga con usted (Nietszche decía que ese momento llega el amigo, ¿lo recuerda?) en público porque yo también dialogo conmigo acerca de una obra en elaboración, sobre una obra por parir. Desconozco si la putada habla de las piedras o los palos (déjeme decirle que usted lo hace de modo soberbio y lo leo, lo leemos, también aquí, en el Ecuador) y no sé si acometerla albergue un empeño, una épica. Ocurre que no hay valor posible hoy en día: aquí y allá usted nos lo ha recordado bien en sus trabajos. Desconozco si la putada sobre la que piensa en alta voz es el riesgo en que ha incurrido con su estilo y su enfoque crítico.

    Pues sí, si ha cometido una putada, saludo el resto de putadas, saludo su condición putesca. Pero que no se crea que el Maligno cura la inercia, nos preserva de ella. Porque la inercia en ocasiones nos salva, nos deja al ras del suelo, narcotizados, nuestros. Si pensamos que somos únicos -bah, usted ha hablado ya sobre el excremento en los estantes de las librerías- y apenas llegamos a calco (también, apreciado Lemus, ha dicho usted acerca del plagio palabras dignas de aplaudir), si pensamos en la unicidad pensemos también en el ego. Lo que pienso, señor Rafael Lemus, es que no hay más religión para un artista, más allá de inercia y guerra, que la del ego, no de la vanidad, nunca la vanidad. Que el ego nos salva pero la vanidad nos pervierte, que si por azar el ego nos deja inertes, si nos condena a permanecer en él, terminaremos hablando sobre nosotros mismos y, por casualidad y contingencia, hablaremos también sobre el hombre. Pero si la vanidad y el espejo nos abruman, creo, amigo Lemus, que no tendremos tiempo de ser hijos de puta ni seremos nada, no seremos hombres de empeño, voluntad o valor, solo seremos miopes que no alcanzan a romper nada de valor o riesgo en nosotros mismos ni en nadie porque no hablaremos más que del yo como si hablásemos del usted y, me atrevo a decir que la literatura habla del usted como si hablase siempre del yo.

    Bien, querdo Lemus, no trato de oponerme, solo de abrir el pico para hablar conmigo mismo en presencia de alguien. Veo mi propio edificio, mucho más modesto que el suyo, y no sé si seré valiente o abúlico. Solo puedo decir que mientras más me alejo de mí, mientras más anulo a mi hombre, más siento que una voz dolorida y ajena me invade, más me siento una herramienta de otra voz mayor. Espero que no hable por mi boca un Apolo, ojalá un Dioniso.

    Decirlo me aqueja, quizá vomita por mi boca el espejo o acaso plantear cualquier hipótesis constituya una estupidez. Es hora de romper el espejo.

    Adiós, amigo Lemus.

  2. Irina en Marzo 3rd, 2008 9:59 am

    Hola!! muy buen blog, la nota esta interesante…si biene es escueta dice todo

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