Por una vez, no retocar.

El primer apunte, la primera nota de lectura –si después de todo la crítica literaria sí es válida y potente, es decir, creativa, entonces es mejor no ejercerla aquí –si la crítica suma, es decir, acrecienta las obras, entonces conviene mantenerse lejos de la obra de C[arlos] D[íaz] D[ufoo] hijo –en este caso criticar es traicionar –engrosar una escritura que aspira a desaparecer –darle cuerpo a un hombre admirablemente vaporoso -admirablemente: el primer elogio, la primera manera de hacerme notar, de traicionar

–el peligro: la grosería de adosarlo a palabras, a nociones, que él sencillamente no postuló

–para esquivar el peligro, no criticar: registrar

–registrar sus señas particulares: D[íaz] D[ufoo] nace en la ciudad de México en 1888 –es hijo del olvidado periodista y dramaturgo homónimo –estudia en la E[scuela] N[acional] P[reparatoria] –es amigo de [Xavier] Icaza, [Julio] Torri y [Mariano] Silva y Aceves –lee a los presocráticos –subraya a N[ietzsche] –colabora alguna vez en Contemporáneos –viste trajes de casimir inglés –lleva guantes –lleva sombrero –lleva corbata –se fuga, siempre, antes de ser fotografiado –se suicida el 30 de abril de 1932

–registrar sus efectos personales: 108 aforismos –dos diálogos –dos obras de teatro [El barco, 1931, y Temis municipal, 1940] –un ensayo sobre la “estética de lo cursi” –una reseña [sobre Antonio Caso] –una oración fúnebre [en memoria de Miguel S. Macedo]

–registrar el epigrama que, a falta de retratos, mejor lo dibuja: “Quisiera morir silenciosamente, sin dejar una huella, como muere una música lejana en un oído inatento”

–dejar de registrar

–esa manía suya de escribir sin recargar la pluma, sin adoptar un estilo –para no atarse a ningún hábito, una escritura veloz, mínima –ni siquiera epigramas: fragmentos – “microfictemas”, como pretende H[eriberto] Y[épez] en el prólogo de este libro –ni siquiera fragmentos comunicados: boquetes entre uno y otro –la incoherencia, dice D[íaz] D[ufoo], es propia de los “espíritus que saben saltar” –esa manía suya de saltar

–su certidumbre de que “en un plano verbal todo es posible” –la pereza de demostrarlo

–más que escribir, parece escarbar en una escritura ya previa –como si mondara los fragmentos de los presocráticos –como si aguzara los aforismos de N[ietzsche] –como si, en vez de crear, cribara –sobre todo eso: si cuesta criticar la obra de D[íaz] D[ufoo] es, en parte, porque ella misma ejerce su propia crítica –se desprende de la rebaba –deja el puro esqueleto –se ríe de sí misma –también eso: su comedia

–si, como quiere Y[épez], no hay uno sino dos C[arlos] D[íaz] D[ufoo] hijo, uno de ellos es un cabrón y mutila la escritura del otro

–aun en el ya manido “Sé tú mismo”, él escarba: “Sé lo esencial de ti mismo”

–¿por qué no colaborar con él y facilitar su fuga? –¿por qué no preparar, por ejemplo, una antología severísima de su diminuta obra? –por lo pronto, descartar todos los aforismos que expelan un tufo a modernismo –de una vez, ambos diálogos, de un esteticismo aristocratizante –después, despachar todos los fragmentos que no tengan la contundencia de, por ejemplo, este: “Murieron tristes y austeros, dejando tras de sí hijos felices y frívolos”

–o los que carezcan de la plasticidad de este otro: “En su trágica desesperación arrancaba, brutalmente, los pelos de su peluca”

–registrar sus fobias: las teorías generales –la “voz indiferente y lejana” de la moral –la gruesa autoridad de las muchedumbres –las certezas dictadas por la rutina –Dios –el gigantismo –incluso los actos excepcionales, porque marcan y condenan –ese acto heroico, por ejemplo, que “fructificó en hechos vulgares, en situaciones grotescas, en relaciones inferiores que le uncieron a una vida repugnante e inevitable”

–lo que nos hace volver a C[ioran]: “escribir un libro, publicarlo, es ser esclavo de él, pues todo libro es un vínculo que nos ata al mundo, una cadena que hemos forjado para nosotros mismos”

–si se tiene una cámara fotográfica, abrir el diafragma y dejar pasar la luz –registrar el paso veloz de D[íaz] D[ufoo] –su ligereza –notar, digamos, el portafolios que carga –el pequeño portafolios –todos sus papeles caben allí –sus poquísimos papeles –un escritor ambulante –un artista portátil –el museo portátil de D[uchamp] –también en el espíritu de D[uchamp], ¿una escritura anti-retiniana? ¿apenas visible? ¿conceptual? –cerrar el diafragma antes de responder –dejar de registrar –velar la foto

Rafael Lemus
Tierra Adentro, abril-mayo 2010

(Carlos Díaz Dufoo hijo, Epigramas, prólogo de Heriberto Yépez, epílogo de Christopher Domínguez Michael, México, Tumbona, 2008, 127 pp.)

Comentarios

Un comentarios para “Notas de lectura sobre Carlos Díaz Dufoo hijo”

  1. Roberto Peredo en Diciembre 1st, 2010 10:25 am

    Todo bien. Muy interesante. Sólo una aclaración: El llamado Carlos Díaz Dufoo hijo, no lo es tal. En realidad es Carlos Díaz Dufoo nieto. Hijo fue su padre de su homónimo. Va ficha: Díaz Dufoo, Carlos. Militar. Nació en Xalapa. Prisionero de los franceses, fue obligado por el comandante Mangin a guiar la columna de Cazadores de Vincennes, contra el fuerte de Guadalupe. Lo hizo por caminos difíciles e intrincados, lo que facilitó la victoria del ejército mexicano (5 de mayo de 1862).
    Peredo, Roberto, Nuevo Diccionario Biográfico de Veracruz, Fundación Colosio, Xalapa, 2004

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