May
4
En su más reciente –y ahora último– número, el suplemento confabulario incluye este breve texto de su director Héctor de Mauleón:
DESPEDIDA
El viaje terminó. Después de cuatro años y 210 números, confabulario cierra sus puertas. En ese periodo, este suplemento fue una casa plural, un punto de encuentro entre el presente y la tradición, un lugar de ventanas abiertas donde se rindió culto al diálogo, el debate, la conversación. Agradecemos la compañía de nuestros lectores, el apoyo y la inteligencia de nuestros colaboradores, la solidaridad y los consejos de nuestros amigos. Agradecemos también a los directivos de El Universal que hicieron posible este proyecto. Con esta edición, confabulario se va. Pero de algún modo se queda.
¿Qué decir? En principio y ante todo, que qué jodidas están las cosas. Son pocos, y poco influyentes, los espacios culturales y ahora son, sencillamente, menos. Dígase lo que se quiera de confabulario, pero el suplemento pesaba: era leído y, más importante, era leído a veces con enfado. Sus páginas –habitadas por una nómina bastante plural de autores– atizaban el debate y, de pronto, hasta exasperaban. ¿Poca cosa? Si a eso se suman los ensayos y las reseñas y las traducciones y los rescates editoriales (un formidable cuento inédito de Efrén Hernández, por ejemplo) publicados semana a semana, es incluso demasiado.
De entre las diversas conjeturas sobre la desaparición del suplemento, sólo una me convence: confabulario murió porque así lo quisieron los ejecutivos de El Universal. Lo de siempre: si es necesario ahorrar, que se sacrifique la cultura. Lo ya común: la avasallante marcha de la lógica financiera. ¿Qué hacer? Resistir. Mejor: combatir a los bárbaros.


La difusión de este tipo de comentarios, en espacios abiertos, me parece fundamental para el replanteamiento de un nuevo orden en la información dentro del país. Si bien es cierto que con el avance de “el pan y circo”, dentro de los medios de difusión, primordial sería el desarrollo de espacios culturales; despojarnos del sesgo imperialista y crear la pauta nacional, en cuanto a cultura e información se refiere.
Los medios de difusión han manipulado a la sociedad, pero también le ha facilitado diversas actividades como lo es la televisión, simplemente por que la gente está esperanzada en su mayoría a esa información. La pérdida de cultura no solo se ve aquí, sino, por ejemplo: un periódico tiene diferentes secciones; el mayor número de personas solamente leen una sección según su preferencia, y dentro de éste, se ignora la sección de cultura, por lo que le dan más importancia a todos los mensajes difundidos por los medios electrónicos como el futbol y la política. Las nuevas tecnologías y la globalización en cierta forma, también han afectado a la sociedad. Es una pena que el periódico EL UNIVERSAL haya cerrado una parte de la sección de cultura, ahora sabemos donde comienza la ignorancia.
Parece que a nadie, en las cúpulas del poder, privado o público, le interesa el pensamiento creativo, la reflexión, cualquier espacio que ponga en evidencia su ignorancia e insensibilidad. : (