Mucho me temo que esta vez no vengo aquí a pasarla bien y a reír un poco. Ya sé: es solo un video, cosa de dos o tres minutos, y pronto será olvidado y sepultado por otros muchos videos. Ya vi: el hombre que aparece en pantalla está borracho, gesticula y balbucea ante la cámara. Ya lo escuché (cómo no escucharlo: “Ya no puedo, pero voy a sacar el fua, y lo voy a sacar porque tengo que dar el extra”) –y ya lo oí otras veces y en otros sitios: que el fua es una “fuerza que tenemos en el espíritu”, que el fua “nunca te va a dejar morir”, que el fua es “la energía que se encuentra en la boca del estómago y se proyecta para el universo”. Lo que no entiendo es dónde está el chiste. ¿De verdad medio país se está riendo de un alcohólico que se bambolea por las calles de Tepic o será que todo mundo se ríe de otra cosa? Tal vez unos se ríen del borracho y otros celebran con sus carcajadas el dichoso ingenio mexicano. Porque vaya que hay “ingenio” en todo esto: en el borracho parlanchín, en el camarógrafo que lo persigue y acorrala, en los rescatistas que, en vez de auxiliar al hombre, colaboran en la broma, en los millones de cibernautas que hicieron de una nota local un trending topic y, por supuesto, en los muchos mexicanos que adornaron el episodio con chistes y parodias y pastiches y videojuegos y cumbias. El mexicano, ¡tan ocurrente! Carajo, cuántas risas.

Para mí que hay algo nervioso en esas risitas. Uno no solo se ríe del borracho porque este es torpe y fanfarrón y ridículo sino porque, a pesar de todo, no es tan distinto a uno y piensa más o menos como uno y eso, ay, inquieta. Nada más hay que verlo: ebrio y delirante, sí, pero dueño de un vocabulario (“energía”, “proyectar”, “filosofía de vida”) no muy diferente al de miles y miles de ejecutivos y amas de casa y promotores de la buena vibra. Hay que oírlo un poco más para notar que su discurso, en apariencia desternillante, no arrastra otra cosa que esa mezcla de guadalupanismo, melodrama y new age a la que estamos tan acostumbrados. Vaya, está claro que el hombre, antes de ser una aparición insólita, es un estereotipo: se gasta en seminarios de superación personal, habrá devorado como tantos otros El secreto (¡El poder de la atracción!) y cree, con otros millones de optimistas, que, cómo chingados no, ¡sí se puede! Es justo entonces, en ese momento en que empezamos a reconocernos en el otro, que brota nuestra risa: nos burlamos de él para distanciarnos, para colocarnos por encima, para convencernos de que él y nosotros no somos, no, iguales.

Ahora: se tiene que ser muy ingenuo para creer que los chistes son solo chistes y que no provocan otra cosa que risas. Si me preguntan, yo creo que toda la parafernalia vinculada al episodio del fua –bromas, videojuegos, canciones– acabó cumpliendo una tarea poco honorable: matar al mensajero, salvar el mensaje. Véanse las bromas: se ensañan con el tipo (al que casi nunca se le menciona por su nombre, Julio Segura) y son indulgentes con lo que dice; ridiculizan su tono y sus gestos pero no la idea de que no hay nada imposible para aquel que está dispuesto a dar el extra. Más aún: rescatan el mensaje, lo libran de ese sujeto que amenazaba con desprestigiarlo y lo ponen a circular por todos lados. Porque también eso: ¿qué mejor manera de difundir una idea –una ideología– que a través de bromas rápidas, contagiosas y pretendidamente inocentes? Los chistes, ya se sabe, viajan de un sitio a otro repartiendo lecciones y admoniciones, y siempre con la esperanza de que el que se tope con ellos sepa de qué reírse y qué tomar en serio. Al final, cuando la broma ya se ha dispersado por todos los rincones, ¿qué ocurre? Que el chiste envejece, las risas se eclipsan y el asunto del que trataba la broma al fin se asimila y naturaliza. Ahora ya se puede hablar de ello sin temor a que los demás se burlen de uno. Ahora ya podemos apropiarnos de eso que en un principio parecía risible. Ahora ya podemos incorporar el fua a nuestro repertorio de hábitos y valores. ¡Fuaaaaaa!

Ya sé: debo ser ligero, reír un poco, escribir un texto amable y divertido. Pero es que de veras: ¿el fua? ¿Otro elogio, y así de burdo, a la voluntad individual? ¿Otra vez esa idea, tan conveniente para los que están en la cima, de que el esfuerzo es la clave del éxito y de que los que están abajo están ahí porque no se han esforzado lo suficiente? ¿En serio vamos a creernos que la solución a todos los problemas –sociales, políticos, económicos, raciales, de género– se oculta en la boca de nuestro estómago? ¿Reírnos de eso? ¿Celebrar tanta tontería? Bah. Disculpen si no me sumo a su fiesta.

Publicado en Chilango, septiembre 2011

Comentarios

4 comentarios para “El fua”

  1. LuchinG en Septiembre 2nd, 2011 12:17 pm

    “A quien busca el éxito no le importa que la vida sea injusta.” César Vallejo. (La universidad César Vallejo, por supuesto.)

    http://www.ucvpiura.edu.pe/portal2010/info.aspx?op=1

  2. ramiro padilla en Septiembre 4th, 2011 8:29 pm

    Vaya, por fin algo de aire fresco en este mundo que actua sin razon. No puedo estar mas de acuerdo

  3. Irad en Septiembre 7th, 2011 3:02 pm

    Gracias por el texto, Rafael. Yo nunca logré entender el chiste y sí padecí las carcajadas de mis compañeros de trabajo por esa tontería. Tampoco me sumé a la fiesta.

    Saludos!!

  4. Ricardo Santiago en Septiembre 13th, 2011 3:38 pm

    Lamentablemente cierto…

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